CDA de Triodos: ¿vuelve el fantasma de las preferentes?

Desde hace casi dos años, los tenedores de Certificados de Depósitos de Acciones (CDA) comercializados por el neerlandés Triodos Bank no pueden recuperar el valor de su inversión ni obtener liquidez desprendiéndose de un producto que, a pesar de lo que pueda sugerir su nombre, poco tiene que ver con un depósito bancario o las clásicas acciones bursátiles puesto que , al contrario que depósitos o acciones, los CDA son un producto considerado complejo cuya naturaleza y funcionamiento guarda notables similitudes con las participaciones preferentes, de tan infausto recuerdo en España.

Al invertir en CDA adquirimos participaciones en el capital de la empresa que, a diferencia de lo que ocurre con las acciones, no cotizan en los mercados de valores ni otorgan derechos políticos ni de participación en la gestión de la entidad. A cambio, estas paticipaciones están remuneradas con un interés que puede ser fijo o variable y que, normalmente, viene determinado por el volumen de la participación.

Los CDA de Triodos

Este tipo de producto ha sido comercializado por el neerlandés Triodos Bank en diferentes países de la UE, incluida España. En su caso particular, estos CDA se contratan sin fecha de vencimiento, a perpetuidad. Y aquí radica la primera parte del problema. Al no tener fecha de vencimiento, las personas que las adquirieron y que en un momento dado quieran recuperar el capital invertido solo pueden hacerlo vendiendo sus CDA a otras personas interesadas en adquirirlas a través de un mercado interno gestionado por el propio Triodos Bank, que es responsable de casar las órdenes de venta con las peticiones de compra que pueda haber. Aquí encontramos la segunda parte del problema. Y la más grave.

Mercado cerrado

Triodos Bank decidió suspender la actividad de este mercado interno en marzo de 2020, argumentando la “incertidumbre” causada por la pandemia de Covid-19. La actividad, y por tanto la posibilidad de vender los CDA, no se reanudó hasta octubre de ese mismo año pero por poco tiempo. En enero de 2021 volvía a suspenderse la actividad del mercado y Triodos Bank explicaba a través de un comunicado que adoptaba la decisión tras haber detectado «un patrón de compraventa en el que el número de órdenes de venta sobrepasa el número de órdenes de compra» obligando a la entidad a «asumir que no es probable que los patrones de comercialización previos se recuperen en un futuro inmediato». Desde entonces, el mercado permanece suspendido y la entidad no acepta nuevas órdenes de compra ni de venta.

Cambio en las reglas del juego

Durante todo este tiempo, los tenedores de los CDA emitidos por una entidad que pregona una forma de hacer diferente a las de la banca tradicional han visto su inversión cautiva, sin posibilidades reales de obtener liquidez. Una situación a la cual ha respondido Triodos con el anuncio de iniciar los trámites para cotizar en un Sistema Multilateral de Negociación para mejorar «la comerciabilidad para las personas inversoras». Es decir, abrirlos a la venta en un SMN que no es otra cosa que una variante de los tradicionales mercados de valores con la diferencia de que el ente encargado de gestionarlo y supervisarlo suele ser una empresa y los requisitos tanto económicos como de acceso y registro acostumbran a ser mucho menos exigentes que en los mercados de valores.

Aparentemente, podría ser una buena noticia para los inversores afectados que tendrían un nuevo espacio para intentar vender sus CDA abierto a la participación de un mayor número de inversores y, por tanto, con más posibilidades de encontrar a alguien interesado en comprar. Pero aquí también tenemos un problema. Y, de nuevo, grave.

Los inconvenientes de la “solución” aportada por Triodos

Pasar de la comercialización a través del mercado interno de Triodos a hacerlo en un SMN comporta consecuencias aparejadas que pueden actuar en detrimento de los tenedores de este producto. El primero, y muy trascendente, es la variación en el valor nominal de los CDA. Antes, el valor de estos CDA estaba vinculado al valor neto contable de la propia entidad. Por tanto, aunque no inamovible, era un valor relativamente blindado ante la posibilidad de grandes variaciones. Pero en un SMN, la cuestión varía. Una vez allí, el valor de los propios CDA estará estrictamente sujeto a la evolución del mercado y a las variaciones tanto en la oferta como en la demanda. Y lo previsible es que este valor disminuya drásticamente cuando al abrirse la actividad del SMN (cosa que puede demorar al menos un año más) se produzca una venta masiva de este producto, tal y como es lógico suponer que sucederá si pensamos que habrá mucha gente interesada en recuperar una parte de su inversión después de no haberlo podido hacer en más de tres años cuando, inicialmente, pensaban que podían desprenderse del producto con facilidad siempre que así lo quisieran.

En definitiva, se trata de ver expuesto a las leyes de la jungla financiera un producto que inicialmente estaba protegido por el sólido paraguas que ofrecía la propia entidad.

¿Se han vulnerado los derechos de los clientes de Triodos?

Pues así lo parece. Los clientes de Triodos invirtieron su dinero en un producto con un valor relativamente blindado y a resguardo de la volatilidad pura y dura del mercado. Y ahora se encuentran en un impasse que ya dura años en los que no hay posibilidades de recuperar el dinero de su inversión y ante la perspectiva de una variación significativa y perjudicial del valor de una inversión que creían segura. Posibilidad, por cierto, sobre la cual ha alertado el propio Triodos cuando afirma que «según las valoraciones actuales de las instituciones financieras europeas que cotizan en bolsa, es de esperar que el precio de la negociación variable sea, en ese momento, considerablemente más bajo que el basado en el valor neto contable del banco». O dicho de otro modo: quien quiera vender cuando exista la posibilidad deberá asumir grandes pérdidas.

Las inversiones financieras comportan riesgos. En ocasiones mayores y en otras menores. Pero cuando contratamos un producto debemos tener ciertas certezas sobre estos riesgos para poder ponderarlos adecuadamente. Solo así, generamos una expectativa lógica y podemos formar adecuadamente nuestra voluntad de inversión. En el caso de los tenedores de CDA de Triodos, creemos que los riesgos que afrontarán no formaban parte de esta expectativa lógica y por tanto, tal y como informamos a los clientes de la entidad que nos han consultado recientemente, creemos que tienen derecho a reclamar en base a lo que jurídicamente se denomina “error por vicio en el consentimiento”. Es decir, por la existencia de unas circunstancias que, de haberlas podido prever, seguramente nos hubieran disuadido de adquirir este producto. Y la consecuencia de una demanda por vicio en el consentimiento es que la entidad estaría obligada a restituirnos el valor de nuestra inversión incrementada por los intereses generados desde el momento de la contratación. Cantidad a la que, lógicamente, habría que detraer el importe de los cupones o los dividendos que hubiéramos percibido.

A nuestro entender, existe una base sólida para reclamar en este concepto y no podemos dejar de invitar a quienes se sientan perjudicados por este producto a contactarnos y asesorarse sobre su situación personal.

Oscar Serrano. Abogado.



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